Cuatro sectores crecen

El crecimiento del niño es un proceso de crecimiento de la estructura y la función del cuerpo que continúa hacia la madurez. El desarrollo del niño se compone generalmente de cuatro sectores: la capacidad de movimiento grosero (músculos grandes como caminar y saltar), el movimiento sutil (músculos pequeños como agarrar y escribir), la capacidad de hablar e inteligencia, así como la socialización y la autonomía.

Estos cuatro sectores están interrelacionados y se desarrollan en un patrón fijo y secuencial. Cuando se produce un retraso en una de las etapas, el desarrollo de las etapas posteriores se ve afectado, por lo que el seguimiento temprano es importante.

Fases motoras duras y suaves

La motricidad gruesa se desarrolla desde movimientos reflejos hasta movimientos coordinados: levantar la cabeza al acostarse y rodar (3–6 meses), sentarse sin apoyo y gatear (6–9 meses), pararse con apoyo hasta caminar de forma independiente (alrededor de 12–15 meses), luego correr, saltar y subir y bajar escaleras (edad 2–3 años).

La mecánica motriz suave sigue: agitar y agarrar juguetes (3-6 meses), mover objetos entre las manos y agarrar (6-9 meses), recoger objetos pequeños con los dedos y la punta y comer sus propios bocadillos (9-12 meses), montar bandejas y cortar con crayones (12-24 meses). Cada niño tiene su propio tamaño, pero este rango de edad es un estándar de seguimiento.

Estímulos y factores que influyen

El desarrollo del motor y del lenguaje está fuertemente influenciado por la estimulación del entorno: el niño juega, habla, lee libros y practica movimientos según su edad. La nutrición adecuada —especialmente en los primeros 1.000 días— y el estado de salud física y mental del niño también lo determinan.

Reduce el tiempo de pantalla pasivo y aumenta la interacción en vivo. Jugar a las barras, dibujar, correr y jugar a los roles es una estimulación simple y eficaz para los cuatro sectores de desarrollo a la vez.

Detección temprana al estilo de IDAI

La Asociación Indonesia de Pediatría (IDAI) subrayó la importancia de la detección temprana de trastornos del crecimiento y desarrollo mediante exámenes de detección de rutina en los posyandu, los puskesmas o las consultas de pediatría. Los padres deben estar atentos si el niño aún no ha alcanzado los hitos del desarrollo correspondientes a su edad dentro de un rango razonable.

Si se detecta un retraso, el médico realizará una evaluación exhaustiva y, si es necesario, derivará al niño a un psicólogo o terapeuta. Las intervenciones disponibles incluyen, entre otras, la terapia física para los retrasos motores, la terapia del habla para los retrasos en el lenguaje y la terapia conductual para los trastornos socioemocionales. Cuanto más temprano comience la intervención, mayores serán las posibilidades de que el niño recupere lo perdido.